lunes, 17 de marzo de 2008

Viaje a Texas III

Esta vez llegaba a Texas envuelto en las dudas que asaltaban mi mente William Walker mi antiguo amigo Tejano al qual llevaba tres años sin ver. Me envió una carta diciendo que tenía ganas de verme y que no quería perder la amistad que habíamos conseguido con mis dos anteriores viajes al hogar de mi amigo.
Llegué a su rancho un día muy gris el clima de melancolía se respiraba en el aire. William Walker me esperaba en la puerta principal y yo me acerqué a él y antes de decirnos ninguna palabra nos abrazamos efusivamente. Me acompaño a su preciosa sala de estar con su colección de armas y su chimenea a la qual daba tanto gusto acercarse en las noches de inviernó.
Nos sentamos comodamente en las butacas delante del fueguecito y William me explicó su vida los últimos tres años. William ya casi con setenta y cinco años parecía más cansado de la vida, imagen que contrastaba con ese hombre tan vital que me recibió en mis dos anteriores visitas al hogar de los rangers.
Yo iba a estarme con él solo dos dias y el tiempo apremiaba así que cuando me acabó de explicar como habían ido los dos últimos dos años, le pregunte si le pasaba algo porque no lo veía tan alegre o tan vivaz como en mis anteriores visitas. La contestación fue ràpida no me queda mucho tiempo de vida me contestó: me dieron sólo unos meses de vida y no se si nos podremos volver a ver por eso quise que vinieras y darte una cosa como símbolo de nuestra amistad y para que siempre te acuerdes de mi. Un sobre con bastante grande pero no muy grueso, me dijo que lo abriera cuando nos hubieramos despedido y él ya estuviera dentro de su casa.
El fin de semana se pasó rápido y yo ya sabía que era la última vez que estaría en Texas porque sin William ya no tenia ningún motivo para volver a ese estado americano. Estuvimos hablando durante todo el fin de semana sobre los días que yo estuve allí en los últimos años y como él me agredecía esos momentos en su casa. Todo fue muy emotivo. Fuimos a la puerta principal porque yo ya me iba. Nos despedimos dándonos las gracias por esta amistad. Como el me dijo esperé a que entrara a su casa y yo entoncesabrí el sobre. Habían dos cosas. Una era una foto muy grande en la qual salíamos él y yo delante de su vieja ranchera, el primer día que estuve allí. Lo otro era una llave. La uqe abría esa ranchera que estva aparcada justo delante de mi. Seguro que siempre que la conduciera me acordaria de mi gran amigo Wiiliam Walker.